La pérdida auditiva es el resultado de una suma de daños o desgastes en las diferentes estructuras del oído. Cuando el sistema auditivo deja de funcionar correctamente, la capacidad de percibir, escuchar y comprender los sonidos se ve limitada o anulada. Existen tres tipos principales de pérdida auditiva: conductiva, neurosensorial y mixta. Los principales beneficios del uso de audífonos van ligados a la recuperación de la vida que tenía la persona con pérdida auditiva antes de ella.
Audífonos
La tecnología a favor de la audición
La gran revolución del audífono ocurrió en 1886 con Thomas Alva Edison. Nacido en Milán, Ohio, el 11 de febrero de 1847. Además de científico y empresario, fue uno de los mayores inventores de la humanidad, responsable de muchos dispositivos importantes y de gran interés industrial, registrando 2.332 patentes. Entre las más destacadas están: la invención del transmisor de carbono, perfeccionando el teléfono, inventado por Meucci y Graham Bell, y transformándolo en un aparato que funcionaba mucho mejor, transformaba los sonidos en señales eléctricas que podían viajar a través de hilos y podían ser convertidos de nuevo en sonidos. Esta tecnología, aliada a los descubrimientos de Meucci y Graham Bell, fue utilizada para construir los primeros audífonos eléctricos de la historia.
El síndrome de Usher, la enfermedad genética asociada a la pérdida de audición y reducción de la visión
Se trata de un trastorno hereditario bastante común que se caracteriza por presentar un deterioro auditivo congénito neurosensorial, con o sin afectación del sistema vestibular del oído. Además, esta enfermedad puede provocar una alteración en la visión progresiva provocada por una retinosis pigmentaria.
En este síndrome, la pérdida auditiva es el resultado de una mutación genética que afecta a las células nerviosas de la cóclea, órgano del oído interno responsable de transformar las vibraciones del sonido en los impulsos nerviosos que se envían al cerebro.
La pérdida auditiva puede causar daños cerebrales
Varias investigaciones recientes destacan que la pérdida auditiva aumenta las posibilidades de desarrollar daños cerebrales. Las enfermedades más comunes son el Alzheimer, la demencia, o la depresión.
Un estudio presentado por la facultad de medicina Johns Hopkins (Estados Unidos), revela que cada decibelio perdido de audición incrementa en un 27% el riesgo de sufrir daños cerebrales. Esta constatación, sumada a los últimos datos revelados por la Organización Mundial de la Salud, enciende una señal de alerta. Según la OMS, cerca de mil millones de personas en el mundo pueden estar perdiendo la audición, debido a la exposición a ruidos altos. Estos datos generan preocupación porque no todas las personas que sufren problemas auditivos buscan ayuda especializada.
Fatiga auditiva, ¿sabes lo que es?
La fatiga auditiva se define como el “descenso” del umbral auditivo tras la exposición prolongada a un ruido intenso. En otras palabras, la exposición prolongada a sobrecargas sonoras puede causar un deterioro temporal de la audición. Este fenómeno se conoce como fatiga auditiva, y se trata de un problema muy común hoy en día gracias al exceso de ruido al que estamos expuestos.