El lenguaje es un elemento fundamental en nuestra sociedad. Y al hablar de las personas con discapacidades auditivas, debemos diferenciar entre sordos oralizados y sordos que se comunican a través del lenguaje de signos. En ambos casos, es importante promover la oralización como forma de inclusión. La comunicación constituye un pilar necesario para la interacción diaria y para el acceso a la información.
Sin embargo, para que la inclusión sea efectiva todavía existen muchas barreras, entre ellas la falta de información. Hablando específicamente de sordera, uno de los principales mitos en este ámbito es que todo sordo también es mudo y se comunica a través del lengua de signos, por eso, en el artículo de hoy queremos dar un paso más hacia la inclusión y aclarar este mito.
Los sordos oralizados
No todo sordo nació con la discapacidad auditiva, existen también los que perdieron la audición a lo largo de la vida después de haber aprendido a hablar.
Cuando alguien desarrolla un problema auditivo en grado leve, moderado o hasta con cierta severidad, muchas veces la solución es sencilla. El uso de audífonos puede corregir diversos tipos de problemas auditivos evitando que la pérdida de audición afecte la vida social de la persona.
Sin embargo, existen casos de sordera severa, en los que no es posible rescatar la audición con audífonos. En estas circunstancias, cuando la persona afectada es capaz de hablar y comprender lo que está siendo dicho a través de la lectura labial, tendrá la consideración de sordo oralizado.
De modo general, la oralización favorece la inclusión de las personas sordas ya que les permite una mayor integración en la sociedad.
Cómo promover la inclusión de los sordos oralizados
Muchos académicos y especialistas defienden la conveniencia de los procesos de oralización de los niños y niñas sordos, ya que desde un enfoque clínico consideran que la oralización favorece la «normalización» en términos de comunicación, de la población sorda. No obstante, desde el enfoque socio-antropológico, la oralización genera controversias ya que muchos sociólogos consideran que se trata de un método obsoleto por considerar que la sordera no es una discapacidad sino un problema que crea una característica lingüística diferente.
En la práctica, la oralización permite una inclusión mucho mayor ya que la persona afectada no necesita un intérprete de la lengua de signos para mantener una comunicación en su día a día o comprender una clase. Sólo necesita una posición en la que pueda visualizar todo el tiempo los labios del locutor para realizar la lectura de los labios.
Por otro lado, están los sordos no oralizados, o sea, aquellos que se comunican a través del lenguaje de signos. De modo que no existen los sordomudos, pues ambos tipos de sordos, poseen su forma de expresar, ya sea hablando oralmente o a través de los signos.
Conocer y respetar los diferentes tipos de deficiencias auditivas es fundamental para fomentar la inclusión y mejorar la calidad de vida de todas las personas que sufren algún tipo de problema auditivo.
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