Para entender la enfermedad de Ménière es necesario tener al menos un conocimiento básico de la anatomía y fisiología del oído interno, donde se encuentra el laberinto, el responsable de mantener el equilibrio.
Laberinto – oído interno
El laberinto es un conjunto de arcos semicirculares que poseen un líquido en su interior llamado endolinfa. El movimiento de estos líquidos, que se produce cada vez que nos movemos, se transforma en señales eléctricas que van al cerebro, donde son interpretadas con el fin de identificar nuestra posición real en el espacio.
A través de estas señales, el cerebro identifica si estamos parados o en movimiento: aceleración, desaceleración, movimiento hacia arriba o hacia abajo, etc.
Gracias a la correcta interpretación de los datos obtenidos a través del movimiento de la endolinfa logramos mantener el equilibrio incluso con los ojos cerrados.
¿Qué es la enfermedad de Ménière?
La enfermedad de Ménière surge cuando, por razones aún no aclaradas, se produce un aumento del volumen de endolinfa en el interior del laberinto, es decir, aumento de la presión interna, provocando una distensión de este compartimento.
Las infecciones, traumas en la cabeza, migrañas, trastornos del sistema inmunológico, variaciones anatómicas del oído interno o la predisposición genética son algunos de los cambios que pueden conducir a una mayor presión endolinfático.
Las señales enviadas al cerebro son más inexactas
Independientemente de la causa, este cambio de presión en el oído interno hace que las señales enviadas al cerebro sean más inexactas, lo que explica la aparición de síntomas tales como mareos y desequilibrio.
Los términos de la enfermedad de Ménière y el síndrome de Ménière se usan indistintamente. Sin embargo, existe una pequeña diferencia. El término síndrome de Ménière se aplica más apropiadamente cuando se conoce la causa del aumento de la presión en el interior del laberinto, por ejemplo, en los casos que se presentan después de un trauma en la cabeza, mientras que el término enfermedad de Ménière debe ser utilizado de preferencia cuando el aumento de la presión endolinfático no se atribuye a ninguna causa identificable.
Uno de cada diez pacientes que se quejan de síntomas de vértigo tienen la enfermedad o el síndrome de Ménière.
Los síntomas del síndrome de Ménière
Los principales síntomas de la enfermedad de Ménière son:
- Mareos.
- Disminución de la audición.
- Tinnitus.
- Sensación de obstruido del oído.
Los síntomas de la enfermedad de Ménière son intermitentes, o sea, van y vienen. A veces, el período de remisión dura varios meses. En general, sólo un oído se ve afectado, pero puede darse el caso de que se vean afectados ambos oídos.
Cuando los síntomas están activos, los episodios de vértigo pueden durar desde 20 minutos hasta 24 horas. Las náuseas y los vómitos son muy comunes en la fase aguda de mareos. El paciente puede llegar a permanecer incapacitado, ya que, además de la náusea severa, tendrá grandes dificultades para mantener el equilibrio. Esta sensación de desequilibrio puede permanecer algunos días, en menor grado, tras iniciar el tratamiento.
Los sonidos de baja frecuencia son los más afectados
La pérdida de audición es fluctuante, con periodos de deterioro y mejora espontánea alterna. Los sonidos de baja frecuencia son inicialmente los más afectados. Con el tiempo el paciente pierde de forma permanente parte de su audición.
En la mayoría de los casos, el ruido que se escucha no es un sonido agudo, sino mas bien un ruido similar al que se oye cuando se escucha el sonido del mar a través de una concha marina. Por lo tanto, los términos tinnitus o acúfenos son los más adecuados para describir el «zumbido» que causa la enfermedad de Ménière. El tinnitus puede ser continuo o intermitente. Con el tiempo, los pacientes que lo sufren pueden notar que los sonidos fuertes se distorsionan.
Diagnóstico de la enfermedad
No hay ningún examen específico o prueba para diagnosticar la enfermedad de Ménière. En general, el diagnóstico se realiza mediante un examen físico y del historial médico del paciente.
Los criterios de diagnósticos propuestos por la Academia de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello de Estados Unidos son actualmente los más usados para definir el diagnóstico de la enfermedad de Ménière.
- Haber sufrido al menos 2 episodios de vértigo con una duración mínima de 20 minutos.
- Confirmación de pérdida de auditiva mediante pruebas de audiometría.
- Presencia de acúfenos.
Además de estos criterios, también es importante descartar enfermedades que puedan causar síntomas similares a los causados por la enfermedad de Ménière, como la esclerosis múltiple, neuroma acústico, diabetes mellitus, enfermedad de la tiroides u otras enfermedades del oído interno.
Tratamiento del síndrome de Ménière
Actualmente a enfermedad de Ménière no tiene cura pero si que existen tratamientos eficaces para tratar la mayoría de los los síntomas.
En general, los objetivos del tratamiento del síndrome de Ménière son:
- Reducir la frecuencia y severidad de los ataques de vértigo.
- Aliviar los síntomas crónicos tales como problemas de tinnitus y desequilibrio.
- Tratar de evitar la progresión de la enfermedad, especialmente la pérdida de la audición.
Los ataques de vértigo pueden ser controlados en hasta el 95% de los pacientes, mientras que la pérdida progresiva de la audición rara vez responde a los tratamientos. Los casos con mejores resultados son a menudo los diagnosticados tempranamente por un otorrinolaringólogo.
Además de tratamientos propiamente dichos, algunos cambios de hábitos resultan esenciales para mejorar la manifestación de esta enfermedad. En muchos casos, los síntomas pueden ser desencadenados por factores como el consumo de cafeína, alcohol, exceso de sal, nicotina, estrés y/o las reacciones alérgicas.
Fármacos para el síndrome de Ménière
Durante la crisis, el tratamiento tiene como objetivo mejorar el vértigo y aliviar las náuseas. Las drogas tales como lorazepam, proclorperazina, diazepam, prometazina, meclizina, escopolamina, dimenhidrinato o prometazina son las utilizadas con más frecuencia.
Superada la crisis, algunos medicamentos deben ser usados para controlar la enfermedad a largo plazo. Diuréticos como betahistina y hidroclorotiazida son los fármacos vasodilatadores con mejores resultados en este sentido.
Otros tratamientos para el control a largo plazo
- La terapia de rehabilitación vestibular, son ejercicios específicos con el fin de ayudar al cuerpo a maximizar el equilibrio.
- El uso de dispositivos de audición en pacientes con reducción permanente de la audición.
- Terapia con dispositivo Meniett, utilizado para la aplicación de presión positiva en el oído medio con el fin de mejorar el intercambio de fluido en el laberinto.
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